Pensar, decir y actuar… Gestión por Valor

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Filiación: Instituto INCADE (Instituto de capacitación y desarrollo empresarial)

Carrera: Técnico Superior en Comercio Exterior y Administración Aduanera y otras.

Materias: Marketing ::: Marketing II ::: Marketing Internacional

País: Argentina

Resumen Biográfico: Nombre y Apellido: Paola Elizabeth Flores. Graduada de Diplomatura en Asesoramiento de Imagen (Personal y Corporativa) en (COE), 2013. Graduada de Especialista en Docencia Universitaria en la FHyCS. (UNaM), 2012. Graduada de Lic. en Publicidad en Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Bs. As., 1998.

Resumen

El fenómeno comunicativo es un hecho de creciente importancia en las diversas organizaciones, principalmente por las características que presentan los escenarios en las que estas están inmersas. Es necesario ampliar el enfoque hacia la importancia del rol que juegan los valores y las funciones que se le encomiendan ya que como nunca antes, el público reclama honestidad y transparencia al mundo empresarial.

Palabras claves:

Comunicación. Contexto. Empresas. Valores. Gestión.

El contexto comercial actual manifiesta una serie de aspectos que adquieren una relevancia enorme para las corporaciones modernas: mercados en evolución constante, determinados por una sociedad cada vez más exigente, proliferación de productos y servicios, intervención de una gran cantidad de actores (entorno competitivo), y un volumen de información prácticamente imposible de procesar. Sin dudas estamos viviendo una época de transición críticamente interesante…

Entonces ¿Qué será aquello que, en este contexto, nos permitirá la diferenciación y la obtención de claras ventajas competitivas?

La cuestión que deberíamos atender aquí, para empezar una reflexión, gira en torno a los valores. 

Valores morales básicos como la integridad, honestidad, respeto, dignidad… valores funcionales como la simplicidad, la acción… valores emocionales como la imaginación, la alegría…

Cada persona tiene parámetros para juzgar qué es importante y prioritario cumplir en su vida, asumiendo actitudes que desencadenan comportamientos con los que podrá alcanzar sus planes y sentirse pleno. Y así como cada persona tiene valores y los hace universales, las organizaciones también determinan criterios que le darán sentido a la forma de trabajar e identificarse con su entorno. También los hace universales por ser transmitidos a todos quienes la componen y se relacionan con ella.

“Cualquier proyecto humano y, por tanto, toda empresa, se gobierna, lidera y gestiona basándose en la coherencia respecto a determinados valores o reglas de juego, que tienden a considerarse orientadores, cohesionadores y legitimadores de su acción. La ética o adecuación interna de dichos valores viene dada por las conversaciones surgidas al respecto dentro de cada organización. Aunque desde la mirada de un observador externo, muchos de ellos puedan ser –y lo son– más que cuestionables.” (García, 2011: 3)

Hay un marco fundamental para una gestión potenciadora, proactiva y relevante, tanto en lo personal, lo social como en lo empresarial y ese marco lo brindan los valores, estableciéndose como un activo intangible estratégico.

Los valores definen la rectitud de los objetivos, orientan las actividades cotidianas de creación, persuasión y fidelización de empleados y clientes. En definitiva, sin ellos no se pueden tomar decisiones de calidad y son los que pueden dar carácter humano al proyecto estratégico de una institución.

“¿Hay algo capaz de dar más fuerza a una organización empresarial –e incluso a un «simple» equipo– que la existencia de valores realmente compartidos? Sin embargo, ¿en cuántas empresas podríamos recibir respuestas concretas si preguntamos, en cualquier nivel jerárquico, cuáles son los principios de acción o valores esenciales que orientan las conductas de cada día?” (García, 2011: 5)

Debemos ser conscientes de los valores que rigen nuestra vida, e igualmente de aquellos que rigen la vida institucional. Pero también es necesario precisar que así como en lo personal y en lo empresarial se requieren y son fundamentales los valores, hay una gran diferencia entre los valores declarados y los valores practicados.

No es de extrañar encontrarnos con casos en los que existe un doble discurso. Es muy sencillo enunciar cuáles son nuestros valores, pero ¿realmente los practicamos?

Como podrá deducirse, la falta de coherencia entre los valores declarados y los valores practicados origina que se comunique, con la forma de trabajar, de actuar y de relacionarse con el entorno, ciertos valores que, o pueden establecer direcciones opuestas a las que se enuncian o pueden encumbrar, precisamente, la poca sensatez entre los valores que se profesan y su puesta en práctica a través de comportamientos que supuestamente debían manifestarlos.

Es así que es trascendental que asumamos la responsabilidad de examinar qué estamos comunicando (la comunicación no es solo verbal) a nuestro contexto, tanto ambiental como cercano,  para corregir, si es necesario, algunas acciones. Si las devoluciones que recibimos están muy alejadas de los que nos interesa comunicar o de nuestros resultados deseados, es nuestra responsabilidad realizar los ajustes.

“La Dirección por Valores es una herramienta de liderazgo y gestión para construir el alma de la empresa, ese intangible fantástico sin el cual su cuerpo no es más que materia tangible inanimada… El alma de la empresa inspira y da armonía al conjunto de acciones del «cuerpo» de la empresa, que está constituido por su capital, su imagen, sus estructuras, sus procesos, sus tecnologías y sus productos. Un alma sin cuerpo es un fantasma, pero un cuerpo sin alma es un cadáver.” (García, 2011: 6)

A raíz de tales consideraciones queda claro que crear conciencia sobre el marco que brindan los valores, implicados inseparablemente en el ejercicio de la actividad de una organización, significa analizar más a fondo las relaciones y muchas de las situaciones que esta vive con sus empleados, clientes, competencia, entidades gubernamentales, sociedad en general, etc. lo cual permitirá clarificar, si hay algún tipo de conflicto entre los valores que declara y los que practica.

Frente a estas circunstancias, los valores compartidos y la coherencia del discurso y su práctica se convierten en la única vía posible para definir lo que debe ser permanente y lo que puede evolucionar y cambiar.

Si se pretende combatir en un mercado global cada vez más exigente y obtener un exitoso posicionamiento se hace necesario instaurar un enfoque dinámico cada vez más colaborativo y descentralizado, según el cliente y la situación, fomentando la participación y el desarrollo de la creatividad.

Si es así, entonces la gestión por valores será una buena alternativa para conseguir resultados sinérgicos con todos los que le rodean y establecerse como una empresa “afortunada”.

Bibliografía:

GARCÍA, S., (2011). Liderazgo y valores. Dirección por valores (DpV).España: Fundació IL3-UB

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