La práctica en el aprendizaje de una lengua extranjera

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Filiación: Técnico Superior en Administración de Empresas – Técnico Superior en Administración de Recursos Humanos – Técnico Superior en Comercio Exterior y Administración Aduanera. INCADE. Inglés II.

País: Argentina.

Resumen biográfico: María Isabel Estrada. Profesora en Inglés para los niveles 3º ciclo de la Educación General Básica y Educación Polimodal que se corresponde con Nivel Superior, egresada del Instituto Superior “Antonio Ruiz de Montoya” en Posadas, Misiones. Estudiante del Ciclo de Licenciatura en Inglés en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de Posadas (convenio entre la Universidad Nacional de Misiones y la Universidad Nacional del Litoral). Docente en el Instituto INCADE Argentina desde 2015.

Resumen:

El aprendizaje es un proceso en el que interactúan diversos elementos. Como todo proceso, requiere un trabajo constante y comprometido de ejercitación, de puesta en práctica para ser adquirido fehacientemente. Aplicado al contexto de la educación, más particularmente, a la adquisición de una lengua extranjera, un sistema lingüístico distinto al materno, supone un compromiso aún mayor, una práctica complementaria sistemática fuera del ámbito estrictamente educativo.

Palabras clave: práctica – motivación – aprendizaje

Concebir la práctica como elemento fundamental para la adquisición de cualquier aprendizaje implica, por un lado, reconocer sus beneficios a corto y largo plazo y, por el otro, tomar una posición activa en su aplicación.

Todo aprendizaje es el resultado de prueba y error. El lenguaje, las conductas, los modos de ser y expresarnos que exhibimos en el día a día son producto de un aprendizaje que se inició en los primeros meses de vida. Este proceso, que jamás culmina puesto que seguimos aprendiendo hasta el último día de nuestra vida, es el producto de una silenciosa, muchas veces inconsciente pero constante práctica. En todo momento vamos adquiriendo, reemplazando o incluso reforzando este aprendizaje frente a nuevas situaciones, experiencias, conocimientos. Todo aquello con lo que nos enfrentamos en el caminar diario pone a prueba lo que conocemos, lo que damos por ‘aprendido’.

En la adquisición de conocimientos de manera formal (mediante la instrucción en instituciones educativas) irremediablemente volvemos sobre esa concepción de que “la práctica hace al maestro”. Independientemente de la ubicación geográfica, en el ámbito educativo, se resalta la importancia que la práctica diaria ejerce en los resultados y, fundamentalmente, en la adquisición de contenidos por parte de los estudiantes. Así es que se pasa de, por ejemplo, aprender las letras en solitario para luego seguir con el silabeo que a su vez permitirá la lectura de una palabra completa para finalmente concluir en el encadenamiento de palabras, lo que habilitará al estudiante a leer una frase. Hablamos de un proceso de práctica ininterrumpida que se extiende a lo largo del ciclo formal de educación. Cada día, cada mes, cada año vamos incrementando nuestros conocimientos gracias a esta práctica acumulativa.

Aprender cualquier disciplina (y el aprendizaje en general) supone, por un lado, sentirse motivado para lograrlo (¿De qué me sirve esto? ¿Para qué estudio esto?) y, por el otro, de una participación activa y responsable en el proceso. En cuanto al primer elemento,Ottobre S. y Temporelli W. (2010) afirman que “(…) la motivación hace referencia al proceso que instiga y logra mantener una actividad en forma continuada hacia una meta” (p.38). Es decir, es la fuerza que propulsa a un individuo a hacer algo, en este caso, a estudiar y/o capacitarse en alguna área del conocimiento. Una vez que se inicia este proceso, entra en juego la actitud activa y responsable anteriormente mencionada. Y aquí observamos que la tarea es compartida: tanto docente como estudiante deben ‘poner de sí’ para construir el aprendizaje. Así, en cuanto al primer participante, las técnicas aplicadas en el aula tienen mayor probabilidad de ser exitosas si son consideradas divertidas, interesantes, útiles, o desafiantes por los alumnos, lo que pone a prueba la profesionalidad y la didáctica del docente. (Brown, 2010, p.59)En relación al segundo participante, el estudiante debe estar preparado para responsabilizarse por su propio aprendizaje. Esto implica una apropiación de los contenidos y/o conocimientos a los que tiene acceso. Y en este punto entra en juego la práctica. Poder enfrentarse por sí mismo a una actividad que suscite la aplicación de un contenido implica instancias previas de prueba y error. Si trasladamos esta idea al contexto específico del aprendizaje de una lengua extranjera, resulta quizás aún más necesario. En muchos casos, y dada la limitada exposición al idioma que reciben los estudiantes en el margen de la clase , el aprendizaje dependerá en gran medida de la práctica complementaria que se realice fuera del aula, y no implica necesariamente la realización de ‘tareas para el hogar’. De hecho, el progreso en la comprensión y fijación de contenidos de una lengua distinta a la propia exige una constante exposición a la misma. Si no utilizo o practico lo que me han enseñado, fácilmente lo voy a olvidar. No es tarea sencilla, porque demanda autodisciplina, pero hoy por hoy existen muchos recursos para poner a prueba y ejercitar lo ‘aprendido’ en distintos contextos, sin que resulte fastidioso como tal vez, lo sería un ejercicio estrictamente gramatical. Así, el trabajo con un tiempo verbal en clase, por ejemplo, puede practicarse a través de la escucha y observación de canciones, películas, series u otros soportes audiovisuales a los que el estudiante pueda tener acceso en un ámbito más informal, de disfrute pero de aprendizaje a la vez.

Lo mencionado ilustra que, si concebimos al aprendizaje como una construcción, tenemos que ejercitar día a día para que podamos apropiarnos del mismo. En cuanto a la cuestión particular de una lengua extranjera, implica un compromiso aún mayor por tratarse de un sistema lingüístico muchas veces totalmente distinto al propio. Por esto, la búsqueda de situaciones en donde emplear lo que se trabaja en el ámbito educativo se traduce no sólo en una fijación de contenidos sino también en una mayor seguridad y claridad en el manejo de los mismos y mayor capacidad para reflexionar sobre ellos.

Bibliografía:

-Brown, Douglas H.  (2010). TeachingbyPrinciples: AnInteractiveApproach to LanguagePedagogy [Enseñar a traves de Principios: Una Mirada interactiva a la Pedagogía del Lenguaje]. New York: Pearson Education.

-Ottobre, S., y Temporelli, W. (2010). ¡Profe, no tengamos recreo! Creatividad y aprendizaje en la era de la desatención. Buenos Aires: La Crujía Ediciones.

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